Últimas entradas »

The not so ugly truth

Image

 

Ha pasado exactamente un mes desde que decidí tomar el control de mi salud comiendo de forma sana y haciendo ejercicio.

Para los que no me conocen tanto, he pasado casi toda mi vida con una relación dañina con la comida. La comida ha sido mi muleta, ha sido compañía en momento de soledad, premio en momentos de logros o de mucho stress o de mucho trabajo, analgésico en momentos de dolor. La comida ha hecho todo, excepto alimentarme de forma positiva.

¿El resultado?

Obesidad durante buena parte de mi vida, un cuerpo lento, hinchado, con dolores en las articulaciones (nada bueno con la carga genética de artrosis que traigo), problemas para dormir, gastritis, temor/odio al ejercicio (porque quien no ha tenido 30 kilos de sobra, no tiene la menor idea de lo que es ejercitarse con ese sobrepeso) y unos cuantos complejos relacionados con los kilos.

He pasado momentos en donde he adelgazado bastante, otros en donde ni siquiera traté de hacerlo y otros, como los recientes, donde tiré la toalla. Por alguna razón que no puedo entender, me convencí de que yo no podía controlar lo que comía. Es que a pesar de haber logrado adelgazar mucho en el pasado, me creí que nunca más podría hacer una dieta, que era imposible aguantarla y me convencí de que la comida controlaba mi vida.

¿Qué cambió?

Como nunca me resigné a ser gorda, comencé a investigar opciones de cirugía bariátrica, específicamente la manga gástrica. La idea de encontrar una solución casi mágica me parecía maravillosa y es una idea fácilmente comprable cuando se leen y ven fotos de resultados increíbles.

Pero la idea de hacerme una operación irreversible en la que perdería un 70% de mi estómago realmente me asustó. ¿Y qué pasa si en el futuro llegase a necesitar ese 70%?

Además de ese miedo, había otra consideración importante: mi esposo y yo queremos tener un bebé próximamente. ¿Cómo se relacionaban embarazo y cirugía? ¿Cuánto tiempo debía esperar entre una cosa y la otra? Esas consideraciones eran muy importantes porque ya tengo 38 años. Así que mis investigaciones me llevaron a unos cuantos foros en Internet.

Allí me encontré una mujer con características similares a las mías, haciendo las mismas preguntas que yo tenía. La conclusión es que se debe esperar por lo menos un año luego de la cirugía para quedar embarazada. Y hacerla después del embarazo era menos probable, porque quién en su sano juicio decide hacerse una cirugía electiva recién parida o en los primeros años de vida de un bebé.

Una persona le contestó algo parecido a esto: Con una dieta sana y ejercicio te puedes quitar los 30 kilos que te sobran, en más o menos el mismo tiempo en que los perderías con la cirugía bariátrica. Ahórrate los problemas de la cirugía y hazlo de otra forma.

Esa idea estuvo resonando conmigo por lo menos durante un mes.

Llegó diciembre y en una conversación relajada con mi esposo en una piscina, con copa y comida en mano, decidimos hacer algo por nosotros. Sin médicos, sin pastillas, sin merengadas, sin dietas mágicas, sin matarnos de hambre, simplemente comer balanceado, disminuir considerablemente las porciones, eliminar azúcar refinadas y casi todas las grasas, comer muchas frutas y vegetales, comer pocos o casi nada de carbohidratos en la noche y mover el cuerpo con mucha frecuencia. Los resultados no se hicieron esperar y en menos de un mes: 6 kilos menos él y 7 kilos menos yo, una energía impresionante durante el día, poca sensación de hambre física, ropa que estaba en el fondo del clóset ya la estamos usando.

¿Qué ha sido maravilloso de este proceso?

Retomar el control sobre mi cuerpo y mi alimentación me da una motivación que no puedo explicar, sino demostrar.

Caminar en la mañana. Nunca me había ejercitado antes de comenzar la rutina. La energía con la que paso todo el día es impresionante. ¡Es riquísimo! Gracias al Chinito por aceptar que no sea yo quien lo despierte, amapuche y acompañe en su proceso de alistarse para el colegio. Sin su ayuda, este plan de ejercicio sería realmente cuesta arriba.

¡Ha sido bastante fácil! He sentido hambre física muy pocas veces (y siempre porque alteré los horarios de comidas), he comido de todo (menos los enemigos principales de cualquier dieta que se precie de sana: azúcar refinada y grasas saturadas) y los antojos han sido MUY pocos (Nutella creo que siempre te extrañaré).

Sentir cambios casi instantáneos es realmente satisfactorio.

Comenzar a ponerme ropa que tenía años sin ponerme, zapatos que ya no aprietan, medias deportivas que no ahorcan a mis pies, es priceless!

Darme cuenta que la comida no calma las tristezas, ni quita el stress, ni me hace sentir descansada, me ha ayudado a enfrentar esos momentos en que he pensado recurrir a la comida como medicamento.

El apoyo de mis panitas en FB ha sido riquísimo y motivador, yo sé que ustedes están pendientes!

Así comenzó esta aventura que hoy cumple un mes de aniversario. Falta mucho aún, no solo en términos de kilos que perder, sino en términos de mi relación con la comida. Ha sido una vida completa de caos alimenticio, así que sé que tengo que trabajar en eso por mucho tiempo. Más o menos así como cualquier adicto en recuperación. Pero estoy segura que lo voy a lograr porque esta vez estoy acercándome a este problema con una visión distinta, con la madurez de los casi 40 (OMG!) y las ganas de eliminar la única razón que me aleja de sentirme 100% satisfecha con quien soy y estoy en este momento de mi vida.

p.d. Gracias totales a mi esposito, quien me ha acompañado en cada paso de este proceso, en cada caminata, en cada madrugonazo y en cada comida sana. Por ti esto se ha hecho mucho más fácil. 

2012 in review

The WordPress.com stats helper monkeys prepared a 2012 annual report for this blog.

Here’s an excerpt:

600 people reached the top of Mt. Everest in 2012. This blog got about 2,800 views in 2012. If every person who reached the top of Mt. Everest viewed this blog, it would have taken 5 years to get that many views.

Click here to see the complete report.

Se me quedaron pendientes algunos deseos del año 2012, pero como siempre asumiré que no eran los deseos que necesitaba por ahora, así que haremos un carry over al 2013.

Pero en lugar de pensar en lo pendiente, quiero agradecer al 2012 todos los aprendizajes que me trajo, las sorpresas maravillosas y por sobre todo las oportunidades de crecimiento. Y es que vivir en la Ciudad de la Furia, en tu primer año de matrimonio, con un hijo pre-adolescente, con un esposo que se estrena en la paternidad, trabajando full time en una petrolera y tratando de recuperarte de un duelo muy sentido es una mezcla de circunstancias bastante retadora. Pero aquí estamos señores, sobrevivimos, vivimos y disfrutamos el proceso, siempre aprendiendo, siempre creciendo, siempre amando intensamente.

Porque de eso se trata la vida, de amar cada segundo de ella.  De eso se trató este 2012 para mi, de una conciencia de amor plena, los 365 días que lo conformaron porque solo con amor y de la mano de Dios es que se avanza.

Gracias a cada uno de ustedes que forma parte de mi vida por inspirarme para recibir y dar amor. Gracias Dios por todos los privilegios de los que me has llenado. I just hope to be worth of them.

Cada vez que alguien me pregunta qué asuntos tiene que sanar un niño adoptado, o me afirma que el amor borra todo y que el abandono no deja huellas, o me asegura que un niño adoptado —hoy amado y lleno de bendiciones— es y siente igual que un hijo biológico, no sé si reírme, insultar, gritar o ignorar.

Hoy decidí explicar a esas personas, no que están equivocados porque eso no es realmente importante,  sino que por más que yo quisiera darles la razón, los hechos de estos últimos 6 maravillosos años de ser madre de JG, gritan todo lo contrario.

El abandono de una madre biológica, la separación violenta de ese olor, vientre, voz y calor que experimenta un bebé recién nacido, la sensación de llorar sin que lo atiendan o que no lo hagan tan rápido como lo hace cualquier madre biológica con su hijo recién nacido, de llegar a un sitio de voces, manos, olores, formas y sonidos desconocidos, la atención demasiado compartida con otros niños en las mismas condiciones, el estímulo no constante, el afecto cambiante y atípico, la ausencia de abrazos y caricias frecuentes, de elogios y bendiciones habituales, hace que un niño abandonado se sienta rechazado, no querido, no deseado, no merecedor de nada bonito, con una profunda soledad que le genera un miedo terror imposible de describir. Hace que se creen corazas para protegerse, que manifiesten su miedo con agresión y con rabia y los convierte en un manojo de ansiedades, inseguridades y desconfianzas.

Todas esas emociones, sensaciones, recuerdos y experiencias quedan grabadas en su memoria emocional; el trabajo que nos toca hacer a quienes decidimos acoger a esos pequeños en nuestra vida, familia y corazón es arduo, de hormiguita y por qué no, muchas veces frustrante. No se trata de soplar y hacer botellas, porque esa memoria emocional no se borra o sana con el solo amor incondicional de una familia adoptiva, ni con abrazos, besos, caricias y demostraciones constantes del valor de esa personita con heridas tan grandes. No se supera con una que otra sesión de terapia. Se supera con una constancia casi militar en todo lo anterior, con muchas sesiones de terapia con médicos y en casa, con sesiones de desahogo y luego de muchas pruebas a todos los afectos importantes. Se supera con un “darse cuenta” que no llega tan rápido y que cuando llega es muy doloroso y necesita atención.

El dolor no es solo para el niño que no logra articular de forma ordenada cuando le explica a su madre adoptiva, cómo le duele que su madre biológica lo haya abandonado y que ella tenía que quedarse con él a pesar de la pobreza o indigencia, incluso si eso significaba morir juntos (y le cuesta horrores hacerlo por temor a herirla a ella, la que sí lo ha recibido en su vida como el mayor y más inmerecido regalo de Dios). El dolor de la mamá adoptiva es también fuerte porque ella quisiera tener una especie de magia para poder resetear el disco duro que contiene esa memoria emocional, para evitarle a ese pequeño luchador todos esos sufrimientos. Lo que ella siente se parece a una señora tristeza vestida de impotencia, que se mete en lo más recóndito del ser.

Este breve resumen trata de responder esas preguntas a que me refería, esto es el prólogo de lo que un niño y una familia adoptiva tienen que sanar.  La buena noticia es que, aunque difícil y lento, se logra hacer porque Dios puso en este mundo a personas maravillosas que nos acompañan, a todos los involucrados, en el proceso de la sanación.

23 de octubre

Ya son 10 los que cumples mi amado niño. Cada cumpleaños que pasa celebro tu nacimiento, tu vida y el día cuando por fin un tribunal legalizó lo que Dios tenía escrito para nosotros.

Celebro tus sonrisas, tu manos gorditas, tus ojos achinados, tus brazos fuertes, tu corazón inmenso, tu cerebro rápido, tu energía incansable, tu maravilloso sentido del humor, tu capacidad de reflexionar como un adulto,  tu confianza en mi, tu sentido de justicia, tus ganas de probar y conocer cosas nuevas, tu paciencia cuando más la necesito, tu sentido de independencia, la forma en que brillan tus ojos cuando logras alguna meta o das lo mejor de ti, tu mirada profunda, tus deseos inmensos de ayudar, tu entusiasmo por la vida, tu sinceridad, tu capacidad de admitir cuando te equivocas, tu capacidad de liderazgo, tu sentido de pertenencia a esta familia de locos a la que Dios te envió, tu forma de ser sociable y atreverte a tanto, tu capacidad de anteponerte a las dificultades y tu decisión de amarme con todas mis imperfecciones.

También celebro tu terquedad, tus pie feísimos, tu cabello rebelde, tu llanto manipulador, tu impaciencia ante las pequeñas cosas, los retos que cada día me pones por delante, tu poco entusiasmo por la lectura,  las preguntas sobre tus orígenes que preferiría no tener que contestar, la forma que escoges para hacerle sentir a todos los que te aman que a nadie amarás como a mi, tu mecha corta, tu pre-adolescencia en plena ebullición, tu imposibilidad de aceptar de buena forma que no siempre tienes la última palabra, tu terquedad, tu piel fastidiosísima que ha tenido más pepitas que ninguna, tu sentido de independencia (si está aquí también) y tu necesidad de argumentar todo.

Celebro TODO, absolutamente todo lo que eres, haces, dices y piensas porque te celebro como ser humano con tus virtudes y tus defectos, con tus logros y con tus tareas pendientes, porque llegué a tu vida a quererte como las mamás debemos querer, sin condiciones y hasta ciegamente. Vine a acompañarte en el camino maravilloso pero retador de vivir, vine a demostrarte que aunque ella no “quiso quedarse contigo ni un día más después que naciste”, yo estoy y estaré contigo siempre, de cuerpo, mente y corazón.

Feliz cumpleaños mi niño, gracias por ser el mayor y más inmerecido regalo de mi vida.

Elogio de la Mujer Brava

Una muy querida amiga me envió este escrito de Héctor Abad Faciolince en donde elogia a Mujeres Bravas. Yo con toda honra me considero una mujer brava y en honor a mi y a todas las mujeres bravas que conozco y están a mi alrededor es que decidí postearlo aquí.

“Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. 
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias). A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo. Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso. Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento. 
Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!!!!”

EL PROGRESO!

Mi hijo de 9 años habla de Capriles y usa la palabra PROGRESO. Eso es lo que TODOS los venezolanos nos merecemos. Vota Capriles este 7 de octubre!

 

Venimos llegando de Bogotá y de celebrar nuestro primer aniversario de casados. Parece increíble que ya haya pasado un año desde que decidimos formar una familia sin mayor compromiso que el gusto mismo.

Ese día hubo varias canciones que acompañaron la sencilla, pero emotiva, ceremonia que nosotros tres creamos. Una de ellas describe perfectamente lo que sentí y siento sobre nuestro proyecto de vida en común, porque como su letra lo dice ESTÁ LA PUERTA ABIERTA para crecer y para amar.

Mi versión favorita de La Acerita.

La famosa independencia

Uno pasa casi todos los días con los hijos y hay cambios que van pasando desapercibidos. Hay otros, sin embargo, que llegan de forma avasallante. Uno de ellos es la pre-adolescencia. Para los que tienen chamos pequeños quizás sea una sorpresa darse cuenta o enterarse que la pre-adolescencia ahora comienza a los 9 o 10 años. Es un cambio que va sucediendo no solo a nivel emocional, sino también a nivel físico. Es quizás una de las etapas más complicadas y de mayores retos para los chamos y para nosotros los papás. Los gringos incluso acuñaron el término “middlers” para referirse a esta etapa. Los chamos ya no son niños pero tampoco adolescentes, no son agua fría, ni caliente, ni mucho menos tibia. Pero este post no es para hablar de la pre-adolescencia como tal, ni mucho menos de lo complicadísima que es la etapa, porque tendré varios años para eso. Nosotros apenas estamos comenzando y con seguridad vendrán posts al respecto.

Este post es, en realidad, para hablar de los cambios que uno ve con el crecimiento. Uno de ellos es la independencia. Porque hablando el otro día con mi muy querida y mano derecha cuando de manejar conductas o más bien sus crisis se trata, Beatriz Manrique, ella nos decía que nuestra meta como padres es hacer que nuestros hijos crezcan como seres independientes, capaces de resolver sus problemas por si mismos, siendo felices y siendo personas que actúen según los valores que les inculcamos.

Pero ¿con qué se come la independencia? Creo que la respuesta depende de cada hijo y hasta de cada familia. En algunas, la independencia para los más chiquitos es que se vistan solos, o arreglen su cuarto, o coman solos, y pare usted de contar. A medida que van creciendo es que además de todo lo anterior, no necesiten de mamá para todo, puedan jugar y entretenerse incluso si están solos, hagan valer sus derechos sin mamá al lado, puedan pedir en una fiesta o un restaurant lo que quieran sin que mamá lo haga por ellos y podemos seguir.

Lo complicado de la independencia es que hay chamos que son estupendamente independientes en algunas cosas y en otras completamente dependientes. Y lo más complicado aún es que son una cosa o dejaran de ser la otra principalmente por la actitud que nosotros como padres asumamos. Sí, es verdad, la personalidad, el carácter y todas esas cosas juegan un papel importante pero no son determinantes cuando estamos hablando de niños emocional y conductualmente sanos y capaces. Lo determinante es lo que nosotros como padres hagamos respecto de una u otra actitud.

Un ejemplo que he vivido estas últimas semanas y es el que me motivó a escribir este post, es el tema famoso de las tareas. Siempre dije que JG necesitaría a alguien sentado al lado para hacerlas porque se distrae con facilidad y como suelo decir cuando de él se trata: el mundo tiene demasiadas cosas interesantes para JG y él las quiere explorar siempre y hacer tareas le quita tiempo para ello. Lo daba como cierto y ya. Pero visto que JG comenzó cole antes que sus actividades extracurriculares, estas tardes ha llegado a casa antes que nosotros y solo se ha sentado y ha hecho sus tareas. En términos generales la ha hecho muy bien, a veces se lo “olvida” una que otra cosa, pero al recordárselo lo hace sin problemas. A esta maravillosa sensación nuestra de llegar a casa a dedicarnos a echar cuentos, escuchar música juntos y no a pelear por las tareas, se suma la sensación de logro, auto-confianza y satisfacción que JG tiene y refleja en su mirada cuando llegamos a casa y está listo o casi listo con sus tareas. Hacerlo el único responsable de sus tareas lo hace sentirse grande, exitoso, capaz, seguro, en una sola palabra: independiente. Y esa sensación para un middler de casi 10 hace maravillas en ellos. Hace que hoy como un loquito se haya despertado solo, media hora antes de lo usual, sin molestar a nadie y antes de las 6 am estuviese sentadito en la mesa de la cocina esperando su desayuno.
Esos son los cambios avasallantes a los que me refería cuando comencé esté post. Son cambios que no te esperas y que pasan así de un día para otro. Lo interesante del asunto es que pasan solos pero siempre empujados por lo que uno como padre, madre o figura importante en la vida de un chamo hace o deja de hacer. Los niños son unas esponjas que entienden los mensajes buenos o malos que uno da más rápido que cualquier otra persona. La responsabilidad que tenemos es realmente impresionante. Así que si vemos áreas en donde nuestros chamos necesiten más independencia, antes de presionarlos sugiero que nos detengamos a ver qué estamos haciendo y qué estamos dejando de hacer, para que podamos cambiar nosotros y así darles a ellos el empujoncito que les hace falta para seguir creciendo sana e independientemente.

Aquí les dejo este mensaje que encontré en Crianza Positiva que habla sobre este tema.

 Image

Se fueron los 37

El mundo está lleno de gente intensa y hasta masoquista que decide hacer revisiones el día de su cumpleaños para ver cómo estuvo la cosa. Yo soy una de esas. Así que de eso se trata este post, hoy será la última vez en mi vida que conteste 37 en todas las planillas y aplicaciones fastidiosas que uno tiene que llenar.

Cada vez que hago estas revisiones concluyo lo mismo: este año de vida fue muy intenso. Quizás por eso dije de vida y no año a secas, porque si hay algo que es seguro es que, independientemente del resultado final, lo que sí hice fue vivir. No hubo ni un solo día de mis 37 que hubiese pasado en vano, siempre hubo una emoción intensa, un agradecimiento por la vida, muchas horas disfrutando, trabajando, llorando, conociendo, peleando, luchando, descubriendo. Fueron muchas horas completas de vida.

Este año viví lo que espero sea el primer año del último matrimonio de mi vida y eso asume que quiero morirme casada.  Viví las maravillas y los retos de ser una familia formada tan inusualmente como la nuestra. Fue un año de comienzos en lo personal, de planes y decisiones divinas que aún no se terminan de materializar pero siguen en pie.

Fue un año completo de los apenas 19 meses en que he estado sin mi Mamma bella, esa que hace 38 años a esta hora mi mamá me cuenta que le quitaba florecitas a un sueter que me tejió porque todos le insistían que iba a ser un varón, aunque ella le pedía a Dios una niña como yo. Qué difícil ha sido estar sin ella, que vivo ha estado su recuerdo cada día de este último año de mi vida.

Este año ha sido uno de los más armoniosos en mis relaciones familiares, sí, hemos tenido desacuerdos pero creo que he hecho un esfuerzo por ponerme en los pies de los demás y moderar la forma, muchas veces duras, en que decía las cosas.

Cada día que pasó me conocí y hasta me quise un poco más, porque me di cuenta que en realidad soy una persona buena y creo que de eso se trata la vida ser feliz siendo bueno.

Este año lo cerré con una emergencia médica fuerte del dueño de mi quincena, de mis sueños, de mi corazón de madre y de mis insomnios. Sentirnos tan vulnerables me recordó lo mucho que tenemos que apreciar la vida y los ratos que nos regala Dios juntos. Son de esas meneadas de mata que te lanzan del cielo para poner todo en perspectiva y valorar solo lo realmente importante.

Y con ese mensaje cierro este año de vida y este post, la vida es muy corta para desperdiciarla estando bravos, preocupados o quejándonos. La vida es para vivirla amando y agradeciendo.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.164 seguidores