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Ha pasado exactamente un mes desde que decidí tomar el control de mi salud comiendo de forma sana y haciendo ejercicio.

Para los que no me conocen tanto, he pasado casi toda mi vida con una relación dañina con la comida. La comida ha sido mi muleta, ha sido compañía en momento de soledad, premio en momentos de logros o de mucho stress o de mucho trabajo, analgésico en momentos de dolor. La comida ha hecho todo, excepto alimentarme de forma positiva.

¿El resultado?

Obesidad durante buena parte de mi vida, un cuerpo lento, hinchado, con dolores en las articulaciones (nada bueno con la carga genética de artrosis que traigo), problemas para dormir, gastritis, temor/odio al ejercicio (porque quien no ha tenido 30 kilos de sobra, no tiene la menor idea de lo que es ejercitarse con ese sobrepeso) y unos cuantos complejos relacionados con los kilos.

He pasado momentos en donde he adelgazado bastante, otros en donde ni siquiera traté de hacerlo y otros, como los recientes, donde tiré la toalla. Por alguna razón que no puedo entender, me convencí de que yo no podía controlar lo que comía. Es que a pesar de haber logrado adelgazar mucho en el pasado, me creí que nunca más podría hacer una dieta, que era imposible aguantarla y me convencí de que la comida controlaba mi vida.

¿Qué cambió?

Como nunca me resigné a ser gorda, comencé a investigar opciones de cirugía bariátrica, específicamente la manga gástrica. La idea de encontrar una solución casi mágica me parecía maravillosa y es una idea fácilmente comprable cuando se leen y ven fotos de resultados increíbles.

Pero la idea de hacerme una operación irreversible en la que perdería un 70% de mi estómago realmente me asustó. ¿Y qué pasa si en el futuro llegase a necesitar ese 70%?

Además de ese miedo, había otra consideración importante: mi esposo y yo queremos tener un bebé próximamente. ¿Cómo se relacionaban embarazo y cirugía? ¿Cuánto tiempo debía esperar entre una cosa y la otra? Esas consideraciones eran muy importantes porque ya tengo 38 años. Así que mis investigaciones me llevaron a unos cuantos foros en Internet.

Allí me encontré una mujer con características similares a las mías, haciendo las mismas preguntas que yo tenía. La conclusión es que se debe esperar por lo menos un año luego de la cirugía para quedar embarazada. Y hacerla después del embarazo era menos probable, porque quién en su sano juicio decide hacerse una cirugía electiva recién parida o en los primeros años de vida de un bebé.

Una persona le contestó algo parecido a esto: Con una dieta sana y ejercicio te puedes quitar los 30 kilos que te sobran, en más o menos el mismo tiempo en que los perderías con la cirugía bariátrica. Ahórrate los problemas de la cirugía y hazlo de otra forma.

Esa idea estuvo resonando conmigo por lo menos durante un mes.

Llegó diciembre y en una conversación relajada con mi esposo en una piscina, con copa y comida en mano, decidimos hacer algo por nosotros. Sin médicos, sin pastillas, sin merengadas, sin dietas mágicas, sin matarnos de hambre, simplemente comer balanceado, disminuir considerablemente las porciones, eliminar azúcar refinadas y casi todas las grasas, comer muchas frutas y vegetales, comer pocos o casi nada de carbohidratos en la noche y mover el cuerpo con mucha frecuencia. Los resultados no se hicieron esperar y en menos de un mes: 6 kilos menos él y 7 kilos menos yo, una energía impresionante durante el día, poca sensación de hambre física, ropa que estaba en el fondo del clóset ya la estamos usando.

¿Qué ha sido maravilloso de este proceso?

Retomar el control sobre mi cuerpo y mi alimentación me da una motivación que no puedo explicar, sino demostrar.

Caminar en la mañana. Nunca me había ejercitado antes de comenzar la rutina. La energía con la que paso todo el día es impresionante. ¡Es riquísimo! Gracias al Chinito por aceptar que no sea yo quien lo despierte, amapuche y acompañe en su proceso de alistarse para el colegio. Sin su ayuda, este plan de ejercicio sería realmente cuesta arriba.

¡Ha sido bastante fácil! He sentido hambre física muy pocas veces (y siempre porque alteré los horarios de comidas), he comido de todo (menos los enemigos principales de cualquier dieta que se precie de sana: azúcar refinada y grasas saturadas) y los antojos han sido MUY pocos (Nutella creo que siempre te extrañaré).

Sentir cambios casi instantáneos es realmente satisfactorio.

Comenzar a ponerme ropa que tenía años sin ponerme, zapatos que ya no aprietan, medias deportivas que no ahorcan a mis pies, es priceless!

Darme cuenta que la comida no calma las tristezas, ni quita el stress, ni me hace sentir descansada, me ha ayudado a enfrentar esos momentos en que he pensado recurrir a la comida como medicamento.

El apoyo de mis panitas en FB ha sido riquísimo y motivador, yo sé que ustedes están pendientes!

Así comenzó esta aventura que hoy cumple un mes de aniversario. Falta mucho aún, no solo en términos de kilos que perder, sino en términos de mi relación con la comida. Ha sido una vida completa de caos alimenticio, así que sé que tengo que trabajar en eso por mucho tiempo. Más o menos así como cualquier adicto en recuperación. Pero estoy segura que lo voy a lograr porque esta vez estoy acercándome a este problema con una visión distinta, con la madurez de los casi 40 (OMG!) y las ganas de eliminar la única razón que me aleja de sentirme 100% satisfecha con quien soy y estoy en este momento de mi vida.

p.d. Gracias totales a mi esposito, quien me ha acompañado en cada paso de este proceso, en cada caminata, en cada madrugonazo y en cada comida sana. Por ti esto se ha hecho mucho más fácil. 

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