Segura es la muerte

Tengo abandonado al blog, no es que haya sido MUY activa desde que lo comencé pero lograba sentarme a escribir.  Lo que ha pasado no ha sido falta de ideas, por el contrario, ha sido como una incesante lluvia de pensamientos, muy poco relacionados entre ellos y me ha costado crear un post medianamente coherente.

Peeeero llega un momento cuando la coherencia empieza a perder relevancia porque pasan o te enteras de cosas que tambalean tu sensación de coherencia y seguridad. Pasan o te das cuenta que pueden pasar esas cosas que usualmente crees que no te pasan a ti, o esas cosas que si bien imaginaste no sentiste reales, aunque en realidad hoy no son más que amenazas a  nuestra sensación de seguridad.

Y de eso se trata este post, de cómo tengo 35 años (I said that out loud) y todavía me creo que hay mucha certidumbre en mi vida, mis relaciones amorosas, amistosas, laborales, humanas y hasta en la más complicada de todas las relaciones, la relación conmigo misma.  Con alguito de vida y experiencias vividas, incluidas las maravillosas y aquellas que sólo le deseo a Esteban y su combo, hay momentos en donde me he creído que controlo todo lo que pasa y lo que me pasa. Qué tan alejada de la realidad y qué poca humildad!

Porque basta que te sientas muy en control y que creas tener una Fortaleza construida sobre bases firmes, para que el señor que lleva las riendas, llámenlo como lo llamen, Dios para mi, te manda unas curvas tan rápidas que te dejan muy ponchado, sin siquiera poder abanicarla.

Te das cuenta entonces que lo único que puedes controlar es tu forma de reaccionar ante la curva, tu decides si te ríes o lloras, si te amargas o si lo ves como una oportunidad, si te compadeces o te arrechas contigo mismo, si te encierras o lo compartes, o hasta si te caes a palos o te comes media tableta de chocolate en dos mordiscos, eso es lo único en que tenemos poder de decisión.

Y claro que cuando pasan esas cosas sientes miedo, no miedo de ese que puedes verbalizar inmediatamente, sino miedo del primitivo, de ese que identificas en la parte baja de tu barriga. Pero después del miedo, de darte cuenta de lo expuesto que estás ante el entorno y ante la vida, no queda de otra que repasar los momentos en que algo similar ha pasado, los momentos en que las curvas fueron muy intensas, te poncharon y hasta te ganaron el juego, pero no por eso dejaste de jugar. Porque ese señor da y quita en la misma medida, aunque suene cliché Dios no te manda pruebas o cargas mayores a las que tu puedes superar o cargar.

Así que llega el momento de aceptar que la seguridad que creías tener es sólo una sensación, por lo que toca cambiar esa sensación por un poco de desasosiego pero acompañado de fe. Sí, la palabrita famosa que a veces cuesta definir, pero que no significa otra cosa que confiar en que Dios te ayudará y te acompañará a lo largo del camino, significa creer que lo que sucede SIEMPRE es lo mejor, que Dios sin duda protege al inocente y que si nos sentimos muy cómodos en donde estamos o sentimos que hemos logrado o alcanzado todo lo querido o lo necesitado entonces la vida pierde sentido.

Quizás este post los asuste o los haga preguntarse qué pasa, pero tranquilos que lo único que pasa es que estoy en una de esas épocas de miedo, de incertidumbre, de who knows… pero I guess I am just living.

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