A mis queridas abuelas

Este 2010 ha tenido un tópico común en nuestra vida familiar. Mis dos abuelas, ya con bastantes años, pero bien llenas de vida hasta ahora, se han ido deteriorando con una rapidez que nos ha dejado a todos conmocionados.

Hoy quiero aprovechar este espacio para dedicarles este post y contarles en unas pocas palabras porqué han sido importantes en mi vida y los recuerdos que más atesoro.

La Nonna Laura

Es la más viejita de todas, ya con 95 años y con una artritis que la tiene doblada e incapacitada para caminar o pararse. Es mi abuela paterna, coqueta hasta más no poder y salvo por esta foto, nunca la había visto sin maquillaje y sin peluqueo. Pero en esta foto, aunque muy golpeada, la veo humana, con ánimo para tratar de posar y con un gesto de mucho cariño con su bisnieto. El primero y muy probablemente el único que conozca.

La Nonna fue un personaje importante y muy presente en mi vida, especialmente en los primeros nueve años. Ella nos buscaba a Eric y a mi TODOS los domingos de esos primeros años de vida y teníamos una rutina sencilla pero divina y aún recordada por ambos con mucho cariño. Ella, ya viuda, conducía un escarabajo plateado y tempranito los domingos nos buscaba y nos llevaba al Cementerio del Este a llevarle flores al Nonno, le limpiábamos su lápida, regábamos la grama y rezábamos juntos. Nada de dramas, era por el contrario algo muy fresco, algo que disfrutábamos mucho porque era una visita dominical al abuelo con el que menos pudimos compartir. Al salir de allí, nos llevaba al Parque Bimbolandia, nos compraba cotufas o algodón de azúcar y se montaba con nosotros en las atracciones. La favorita era la mini montaña rusa en donde el carrito era como un gusanito que entraba en una manzana roja y allí podías pegar muchos gritos y escuchar el eco. Al salir del parque nos llevaba a su casa, nos cocinaba riquísimo escuchando al famoso José Luis Perales. Tanto mi hermano como yo comimos el mejor arroz con pollo, pollo horneado, papas chorreadas, chuletas a la mostaza y quesillo de guanabana, que existen en el mundo y nos sabemos esas canciones de memoria y las atesoramos como pocas cosas.

Ya después nosotros crecimos y los intereses cambiaron y esa rutina maravillosa acabó. Ella lo aceptó como se deben aceptar los ciclos que cierran y se acaban, con mucho cariño, con mucha dignidad y sin problema. Aceptó que sus nietos crecieron, lo hizo sin reclamar y sin protestar y siempre se mantuvo presente, con llamadas constantes para darnos la bendición y saber de nosotros.

Su actitud es lo que siempre atesoraré con mucho cariño y trataré de imitar. Nunca fue quejona, siempre logró verle lo bueno a todo, siempre tuvo una vida espiritual positiva y siempre creyó que sus años de vida han sido un regalo de Dios. Vivió feliz, sin hacerle daño a nadie, sin emitir palabras duras o hirientes y confiando en Dios. Incluso ahora cuando esta en cama por una caída y golpeada como la ven en la foto, su respuesta cuando le pregunté como seguía el dolor fue: ya mejor, mucho mejor que antes. Eso lo dice todo!

La Mamma

Tiene 82 años, con una artritis que también la tiene doblada y con una memoria que desde hace poco comenzó a jugarle pasadas. Vivió sola hasta comienzos de este año, en donde la situación cambió porque se fracturó la cadera.

Esta fue mi abuela consentidora a más no poder, fue la abuela que me cuidó todos los días durante el primer año de mi vida, la que me cosía ropa, me peinaba y me bañaba, la que me cantaba canciones, la que lloró profundamente el día en que nos fuimos a vivir a nuestra casa y que todos los días se montaba en un carrito sólo para ir a verme. Esta es mi abuela a quien quería como mamá cada vez que la mía me regañaba, con ella acusaba a mi mamá cuando no me dejaba hacer lo que quería y ella tan alcahueta me iba a buscar. Esta es la abuela de todos los días, la que me hacía los gnocchis más ricos del universo, la torta que más olía a familia y la que en vida escribió una nota en su recetario favorito para que el día en que muera me lo den a mi. Esta es la abuela que en secreto me decía que yo era su nieta favorita pero que nunca se lo podía decir a los demás nietos (sorry Mamma pero tenía que contarlo!). Es mi Mamma, la que fue capaz de aceptar a mi ex marido pero entender mi divorcio, fue la abuela que siendo italiana, del Norte y poco liberal entendió mi decisión de adoptar a mi Chino y no sólo eso, sino que lo quiere tantísimo y aprecia mucho sus gestos de cariño y preocupación. Es la otra de mis abuelas que conoció a su bisnieto, probablemente el único que conozca y que fue capaz de cuidármelo en su casa cuando una muchacha me renunció. Es mi Mamma, esa que me enseñó a cocinar la mejor salsa para pasta del mundo y no acepta que la mía me queda mejor que la de ella! Es la abuela que luego de tener Hepatitis C causada por una transfusión de hace muuuchos años, y luego de varios de abstinencia, decidió brindar conmigo el día del bautizo de mi Chino.

Ella no es tan positiva como la Nonna, es por el contrario negativa y le cuesta ver lo bueno en esta situación en la que está, pero la entiendo y por eso sigo consintiéndola cada vez que puedo, por eso cundo la visito le limo sus uñas y se las pinto incluso de colores escandalosos, porque a pesar de lo negativo, quiero que sienta viva.

De ambas siempre recordaré el haber estado presentes, cada una a su manera. Recordaré el olor de sus fogones, distintos entre ellos, pero ambos llenos de dedicación y deseos de complacer. Recordaré ser la primera nieta de cada una de ellas y la única hembra. Recordaré sus manos dobladas desde siempre por la artritis pero con uñas pintadas, con uno o dos anillos, siempre fuertes a la hora de sostenerme. Recordaré su amor y aceptación por mi hijo, quien llegó de la forma en que ellas menos se esperaban. Recordaré que aunque les falle la memoria se acuerdan de mi y de mi hijo.

Las quiero mis abuelas maravillosas! Doy gracias a la vida por haberlas tenido durante todo este tiempo y estoy segura que Dios las tomará de la mano el día de su partida.

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