Cartas a Julieta

Ayer en la tarde vimos Cartas a Julieta. Dejando de lado lo maaaaal quemada de la película -traten de consiguir algo decente en Playa Grande- me pareció una película bastante rosa, pero me dejo piensa que te piensa.

La relación entre Víctor y Sophie, lo que había entre ellos y lo que no, ha sido un misterio.

El, un apasionado por la cocina. Un Chef de esos entregado 100% a su pasión, al proyecto de su restaurant, a los vinos, a los “hongos”, a lo culinario.

Ella, una apasionada a escribir, a su proyecto de convertirse en escritora y quizás a un hombre que la considere el centro de su vida.

El hecho es que ella lo deja porque él no la escucha, porque no comparte la pasión de ella y porque está tan ensimismado que se pierde el crecimiento de Sophie y no se da cuenta de su insatisfacción.

He estado tratando de entender el desenlace, porque si bien en las relaciones de pareja usualmente no hay culpables, buenos ni malos, mi cabecita Virgo, abogada y racional quiere poner las cosas en orden. Y de pana que no he podido!

Estoy convencida que hay que estar satisfecho, que sentirme oida es fundamentalísimo en mi vida. Pero con esa misma intensidad creo que cada quien puede tener sus pasiones individuales, sus intereses.

Si son compartidos, pues estupendo! Pero me rehuso a aceptar que si no se comparten entonces las relaciones no sirven de nada. Obvio que si uno AMA algo y el otro lo ODIA, es bastante complicado. Pero si la pasión del uno es aceptada pero no compartida por el otro, la cosa debería funcionar. Rechazo profundamente que con la pareja uno deba perder su individualidad o que cualquiera de los dos deba sacrificar ese “algo” que le llena los espacios libres, ese “algo” que te ayuda a drenar y a desconectarte con el mundo.

No podría estar con alguien que no acepte que amo leer y escribir blogs, cocinar solita sin interrupciones, hacer cien mil cosas al mismo tiempo, ser abogado, ser la salvadora de todo el que me rodea, ir a la peluqueria con religiosidad, soñar con una casa hogar de chamos abandonados, dormirme cada vez que quiero ver una peli en casa y entregarle muuucho tiempo a mi hijo!

Quiero y estoy con alguien que respeta mis pasiones. Mal podría dejarlo porque él siga las suyas. Pero él siempre me escucha, siempre me apoya en las mías y no necesito que las comparta si no le provoca o si no me provoca.

Tal vez todo radica en encontrar el equilibrio, ese tan complicado equilibro que conlleva la libertad.

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