Un Homenaje para Daniel

Cuando tienes un blog y acostumbras escribir sobre ti, hay temas que simplemente evades. No lo haces porque sean difíciles o porque sean personales, porque muchos de los posts tienen estas características. Creo que lo haces porque son dolorosos, porque implican tener el valor de hurgar en lo más recóndito de tu ser y exponerte a rozar heridas cerradas pero que dejaron una gran cicatriz.

Pero son temas que te persiguen como el elefante gigante en medio del cuarto que nadie quiere reconocer y te das cuenta que entre tu y el avestruz que esconde la cabeza debajo de la tierra pero deja su gran cuerpo a la vista de todos, hay muy poca diferencia.

Y he aprendido que al mal paso dale prisa, así que aquí voy con todo:

Han pasado nueve años desde el día más triste de mi vida, de ese día en que tu ojos se cerraron para siempre. En esos nueve años han pasado muy pocos días en los que no te he tenido conscientemente presente o en los que no he recordado tu cara, tus mañas, tus palabras o alguna cosa que me enseñaste.

Pasé por todas las fases del duelo, regresé a algunas de ellas cuando pensaba que las había dejado atrás, me molestaba muchísimo porque sentía que había llorado demasiado, hasta que finalmente acepté que no existen los llorímetros y que podía llorar todo cuanto mi alma pidiese.

Un día tuve que tomar una decisión: convertirme en un ser amargado y resentido por tu muerte o aceptarlo y tratar de aprender de ella. Aunque hoy suene evidente la elección ideal, para mi no siempre fue claro del todo. Créeme D que estuve a punto de escoger la primera, que llegué a sentir que no quería vivir si no podía ver tus ojos otra vez ni escuchar el sonido de tu voz. Pero pensaba en ti, pensaba en tu cara ante una decisión como esa, en tu desilusión y tu tristeza, así que tomé la segunda opción. Decidí honrar tu vida, decidí honrar nuestra vida juntos y aprender de tu muerte.

Porque cómo podía yo olvidar los años vividos, cómo podía olvidar que yo era una princesa y merecía lo mejor, cómo podía olvidar que junto a ti entendí y viví lo que era amor incondicional, cómo podía lanzar por la borda el recuerdo y la enseñanza de todo ese tiempo, cómo olvidar D la mayor muestra de amor que hay: decir la verdad pase lo que pase, sin importar lo dura de esa verdad.

Me enseñaste que vale la pena arriesgarse a ser sincero, que no vale la pena quedarnos con palabras por decir o con te quieros pendientes, que tenemos que darnos lo que nos merecemos –gracias a ti me casé con ese vestido carísimo de Piera pero que siempre soñé. Todo eso lo aprendí de ti D. Tuvimos la relación de novios y de amigos más sincera, transparente e incondicional que pudo haber existido. Y eso solo podía honrarse viviendo la vida y disfrutándola.

Con tu muerte aprendí a ser agradecida con la vida por el regalo del amor, con el regalo del tiempo al lado de la gente que queremos, aprendí a ser intensa como nadie, a llorar cada vez que quería, a darme cuenta que el mundo está lleno de gente que jamás tuvo una relación como la nuestra y que por eso debía sentirme privilegiada, aprendí a querer solo lo mejor para mi y a entender que muchas cosas, la gran mayoría, están fuera de nuestro control.

Con tu muerte y el duelo que viví, aprendí que hay cicatrices que no se borran pero que se puede vivir con ellas y que no queda de otra que ponerlas en un compartimiento del corazón al que sólo entramos con mucho cuidado. Aprendí que fui afortunada de compartir muchos años de tu corta vida. Aprendí que Dios te envió a mi vida para mostrarme lo innegociable en mis afectos. Porque me mostraste lo que quería: una persona que me quisiera como era y por lo que era, con carácter incluido y que no dijese mentiras o verdades a media.

Tu muerte me hizo una mujer muy fuerte, me hizo darme cuenta que si había podido vivir después de tu muerte podía sobrellevar cualquier obstáculo y enfrentar cualquier reto. Y así lo he hecho D, he tomado las decisiones más intensas pero acertadas de mi vida basada en esa convicción. Y fue por eso que me divorcié D (y me casé en contra de tus consejos porque tu viste claramente lo que yo me negué a ver), fue por eso que tomé la decisión de adoptar a mi Chino y fue por eso que me conseguí al novio que tengo.

No voy a negar que te extraño horriblemente y que hay días, como hoy, en que me invade un desasosiego más fuerte que yo. No voy a negar que me da una rabia horrible no poder escuchar tu voz o no poder pedirte consejos como hacía cada vez que tenía que tomar una decisión. Pero no acepto que esos sentimientos prevalezcan sobre todo lo que tu vida construyó.

Quiero recordarte como siempre fuiste, exigente pero cariñoso, comelón pero obsesivo por cuidarte, dormilón pero listo para un bochinche, estudioso pero no fajado ciego, súper detallista y paciente conmigo, arriesgado con tus decisiones y por sobre todo SINCERO y VIVO.

Rest in peace in D

¿Quieres que alguien se encargue de tus diligencias?

Pues aquí te tengo la solución. Estos servicios los presta el novio, así que está de sobra decirles que estarán en buenas manos! Llámenlo y háganse la vida más fácil!!!

DILI EXPRESS

La vida en Caracas se ha ido haciendo cada vez más complicada. Las colas interminables e impredecibles, la lluvia, el caos de los estacionamientos, el stress del trabajo y de la casa, las responsabilidades y las múltiples ocupaciones, hacen que cada vez tengas menos tiempo para hacer esas diligencias fastidiosas, pero impostergables.

Como respuesta a esa realidad, te ofrezco mis servicios para ayudarte con esas diligencias.

¿Qué ofrezco?

Mi responsabilidad, seriedad, compromiso y experiencia para hacerte la vida más sencilla.

¿Qué obtienes?

Días llenos de calma, sin colas ni stress y con más tiempo para compartir con la familia.

¿Qué diligencias?

– Gestiones bancarias: BsF. 50.
– Transporte particular fijo o esporádico: Precio a convenir.
– Llevar y buscar ropa a la tintorería. BsF. 50 para llevar y buscar.
– Hacer el mercado: BsF. 100 – 250, dependiendo del mercado.
– Compra de productos: BsF. 50.
– Llevar al perro al veterinario: BsF. 75.
– Llevar el carro al taller. BsF. 100 para llevar y buscar.
– Llevar el carro al autolavado. Bs. 50.
– Recepción y entrega de documentos en la ciudad: BsF. 50.
– Delivery de alimentos (restaurantes, comida rápida, panaderías, etc.): BsF. 30
– Transcripciones de textos. Bs.F 30 por página estándar (carta, fuente 12 y espaciado 1.5).

Pregúntame si necesitas que te haga alguna otra diligencia.

¿Cómo contactarme?

Germán Alfredro Marín
a_marin@hotmail.com
0412-441-6679
BB Pin: 20DAEE18

Espero saber pronto de ti. Por favor, divulga mis servicios entre tus amigos y familiares que necesiten de alguien que les resuelva la vida!

La culpa del Punta Palma también es de Esteban

No hay que ser muy inteligente para saber que el estado del Punta Palma y otros hoteles en Venezuela es culpa directa de Esteban y sus expropiaciones. Porque es obvio que nadie va a invertir en un hotel en Venezuela, capacitar a su personal, mantenerlo bellísimo y moderno, para que cuando esté pepito venga Esteban y diga “exprópiese!”.

Sin embargo, da tristeza y te deja un sinsabor horrendo ver que cada vez el hotel está peor. Las fotos se explican solitas:

Para rematar, sales para desayunar y te encuentras con este potencial de frente, te encuentras con la claridad de que las cosas podrían ser radicalmente distintas. Quizás algún día.

I wanna…

Hug JG but I am not home yet and he is already asleep
Hug my BF but he is working tonight
Be held like a baby by my mom but I dunno how to ask for it anymore
Eat greasy food and drink a beer but I am on a diet and do not plan to cheat
Jump into my bed but I am still on my way home from the airport
Skip work tomorrow but I am not willing to accept the consequences of doing so
Feel that I am in control but unfortunately I know that is unrealistic
Make this emotional unrest and saturation go away but I know emotions need to flow

I guess I’d rather feel thankful for having a son, a BF, a mom, a job, a home, a bed to jump into, a pumping and intense heart and healthy food.

I promise I will try, if I can’t achieve it I will then remember that there’s always tomorrow.

Conversaciones de sobremesa

Como todos saben “El libro de Toto Aguerrevere” ya fue impreso, bautizado, leído y ahora está en venta.

El lunes fuimos al bautizo al que fui invitada espontáneamente –o habrá sido la amenaza de ir de arrocera y llevarme a un Consejo Comunal completo? (nunca lo sabremos). El hecho es que fue un evento dignísimo de la semana del sifrinismo y la pasé riquísimo. Por qué?

Porque Toto hizo varios sueños realidad: el suyo de escribir un libro, el de Ana María de cazar talentos, el de Nina de ver que su idea de que Toto tuviese un blog trajo buenísimos frutos, el de los “yo te leo” de poder llevarse un libro con dedicatoria y otros para poder regalarlo a la gente que quieren, en fin, mucho sueños.

Porque se respiraba un ambiente cool, de relajo, de sifrineria bien intencionada, de sonrisas, de éxitos y de sorpresas.

Porque conocí a varias blogueras que leo como Nina, Maiskell, Vida, Arianuchis. Porque conocí a Eu Villanueva, mi compinche de comentarios comunes a Ignacio Villanueva.

Porque vamos a hacer un blogteque sólo para ellas.

Porque Francisco y Germán pasaron un ratote hablando y Manuela Zarate y yo pudimos chismear más de lo usual.

Porque me di cuenta que no estoy sola en el mundo de gente loca.

Porque pude fastidiar a Ana María lo más que pude por no querer conocer el sexo de la criatura.

Porque vi a la Zubi again y eso siempre es divertido, con cuento de falda de lamé y todo.

Porque chismeé con Eva y pude disfrutar la cara de orgullo de su esposo al ver unas fotos de su hija y decir “Mi hija si es bella”.

Porque Maiskell me hizo reir muchísimo con su cuento de Ana María Simon.

Porque tengo por escrito un libro que dice que soy la Presidenta del Club de Fans.

Para todo lo demás Master Card!

Desatención al Cliente

Buenas noches señor”. Esa fui yo, animada a pesar de ser casi las doce de la noche luego de un largo día de trabajo, volar a Barcelona, cena de trabajo y la horrenda expectativa de quedarte en el hotel Punta Palma y sola.

Burnoche”, lento, entre dientes, con cara de culo y evidente obstinación. Ese fue el amigo de la recepción del Punta Palma.

Así comenzó mi chequeo en el dreaded Punta Palma.

El individuo en cuestión por supuesto que jamás me vio a los ojos, jamás me preguntó cómo estaba, ni mucho menos dijo gracias o por favor en todo el proceso de chequearme. Me tiró un papel que asumí debía firmar, luego estiró la mano para agarrar la tarjeta de crédito que yo diligentemente ya tenía en la mano, troqueló el voucher –sip, todavía existen esas cosas– me tiró el voucher y entre dientes dijo firma y cédula, lo agarró, me entregó un control horrendo y ya. Sin hasta luego, buenas noches o gracias. Hizo lo mismo con las personas que venían conmigo.

En un momento del proceso me le quedé viendo la cara de culo, traté de verle los ojos y cuando lo medio logré, lo que encontré fueron vidrios y decían “que miseria mi vida y el trabajo que tengo”. Sólo por eso me compadecí unos segundos, pensé que este pana tenía que hacer eso todos los días de su vida, algo que evidentemente no lo entusiasmaba y para lo cual, claramente, no tenía vocación, aptitud ni mucho menos actitud.

Pero luego uno se pone a pensar y concluyes que el tipo seguirá haciendo eso y quizás cosas más fastidiosas si asume esa actitud. Señor por Dios, usted es la cara del Hotel Punta Palma ante la gente que llega, ¿a usted no lo entrenaron? Estoy segura que el amigo no conoce el término Atención al Cliente, cómo va a hacerlo si ni siquiera conoce algunas reglas básicas del buen hablante y oyente, tales como mirar a la persona que habla, usar un tono de voz adecuado, ni mucho menos normas básicas de educación como se dice gracias, por favor, a la orden.

Está bien que estés harto, está bien que el hotel sea una porquería –les contaré en otro post– que no te alcance la plata, que te hayas encontrado con huéspedes groseros y eso te desmotive. Lo que no está bien amigo es que te conviertas en un autómata, inhumano, mal educado, ni mucho menos que vivas y trates a la gente, a los clientes, con esa cara de miseria. Podrías darle gracias a Dios que tienes un trabajo, que llegamos a esta hora y no a las tres de la mañana, que te tocaron unas personas decentes para atender. Podrías por supuesto ponerle cariño al trabajo que haces, entregarle un poco de dedicación y entender que si trabajas con público tienes que sonreir, ser amable y saludar, sí amigo, saludar, decir por favor y gracias y mirar a la gente a los ojos, tienes que hacerlo.

Lamentablemente estas cosas pasan y no decimos nada, no hay nadie que escuche las sugerencias y lo más triste es que esto no es más que el reflejo de nuestro país. Lo que si te digo es que no voy a dejar de ser amable, de dar las buenas noches y las gracias, porque yo me rehúso a ser víctima tuya y del país. Yo me levanto todos los días con el ferviente deseo de disfrutar y aprender de todo lo que hago y que me pasa, incluso de las experiencias que no viviría si pudiese elegir. Modestia aparte pero sería bueno que fueses un poquito como yo!

Margaret Thatcher

Ayer mi amiga Manuela Zarate twiteeo esto:

“Pasas la vida fajándote para ser como Margaret Thatcher cuando seas grande, y resulta q el mundo quiere q seas la Barbie Malibú. #nomejodas”

No es la primera vez que siento como míos sus comentarios, pero este le ganó a todos. El tema ha sido muy recurrente en mi vida pero en este año la cosa se ha intensificado. Si me conoces personalmente o si me has leído sabes que tengo un carácter fuerte. Ese carácter fuerte se origina, primero que nada, en mis genes maternos. Luego tendríamos que sumarle la crianza, la personalidad, la carrera que escogí, el mundo, la época y el país en que vivimos.

En todos esos momentos en que se estaba formando mi carácter sentí que estaba haciendo lo correcto, sentí que eso era lo que tenía que hacer para ser exitosa e independiente, que eso era lo que el mundo entero, personal y profesional, esperaban de mi y más aún, que eso era lo que disfrutaba porque I do not like pussies and I do not practice patience. Lo primero –lo que tenía que hacer– y lo último –lo que disfruto– sigue siendo verdad. Lo segundo ¬–lo que el mundo espera de mi– es otra historia.

Es otra historia porque todo el mundo quiere que le hables, reacciones, mires y pienses como Barbie y resulta que eso es inconsistente con ser una mujer arrecha y echada pa’ lante.

Barbie, te aclaro que no tengo absolutamente nada en tu contra, te envidio el cuerpazo, los piecitos que entran en cualquier zapato o sandalia, la cabellera siempre larga, perfecta y brillante, el carro descapotable, los cien mil trajes distintos y pare usted de contar, creo que te envidio todo excepto por Ken –esa es otra historia así que do not get me started.

Pero resulta que yo no soy Barbie, ni tengo nada parecido a ella, salvo por los cromosomas XX.

Yo soy intensa, arrecha, gritona, exigente, firme, multi-tasking, rápida, impaciente, inteligente, cuestionadora, sincera, cruda si es necesario y absolutamente transparente. Usualmente cuando me hago una opinión sobre algo cuesta mucho hacerme cambiar de opinión no porque sea rígida – si te soy terca– sino porque esas opiniones casi siempre se han construido sobre la base de los hechos, la realidad, mis valores, las emociones y la experiencia, así que necesitarías demostrarme que esos fundamentos no son ciertos.

Y soy así porque es mi forma de ser, porque me esforcé en lograr todo eso –admito que lo de gritona me viene por la sangre– porque estoy convencida que así quiero vivir. Entonces uno le pone corazón a ser así y la gente como que quiere algo distinto. La gente pretende que sea firme en mis convicciones y valores pero que reclame en voz bajita cuando alguien las ataca; que sea inteligente y eficiente pero que tenga paciencia con la gente lenta; que quiera, ame y me entregue pero no me moleste o me lo tome con calma cuando la gente no me corresponde igual o más; que sea profesional, independiente y decidida pero que sea suave al hablar; que defienda mis y sus intereses con pasión y a ultranza pero que lo haga suavemente; que sea una madraza, que ame mi familia y a mi pareja pero que no los defienda con garras si alguien se mete con ellos; que defienda la verdad y los derechos pero que no se me ocurra alzar la voz o decir las cosas como son o poner la incompetencia y el abuso en evidencia; que sea multi-tasking pero que haga ejercicio; que tenga la energía y la fuerza de un hombre pero sea femenina en la mirada. En fin, la gente quiere una cantidad de cosas que son INCOMPATIBLES entre ellas.

Señores entiendan de una vez por todas que la verdad no ofende, la firmeza no tiene que ser tomada como insulto, decir las cosas como son no es agredir a los demás. Si tu eres un mentiroso, o un flojo, o un pillo, o un monta cacho, porqué tengo que decirlo de una manera delicada. No pretendan que sea una tipa firme, decidida, exitosa, abogado, mamá, novia, amiga y familia de las de verdad, verdad, si no pueden aceptar en paz las consecuencias de ello. No me hagan sentir mal o me reprochen mi estilo, si esperaban que fuese la Mujer de Hierro. Porque uno a veces es tan inseguro –sip los arrechos también tenemos inseguridades– que los reproches o las críticas te afectan, que los comentarios de “pudiste ser más suave” o “esperaba X o Y cosa de ti” muchas veces hacen que uno dude y hasta sienta que quizás ser como Barbie podría ser mejor.

Pero si hay algo que uno aprende en su formación es a cuestionar. Así que revisas lo que hiciste o dijiste, las circunstancias y razones por las que lo hiciste o dijiste y tienes dos opciones. La primera es darte cuenta que es verdad y entonces te disculpas, aunque lo malo es que eso sucede poco, pero lo haces si es necesario. La otra opción –más frecuente– es que reconfirmes que si el tipo un mentiroso, o un flojo, o un pillo, o un monta cacho, así mismito hay que decirlo, sin adornos, sin delicadezas, sin a lo mejores o quizás.

Así que no vengan ustedes a decirme entonces que luego de haber forjado esta personalidad de Dama de Hierro tengo que portarme como Barbie. Amé las Barbies y como les dije tienen varias cualidades que envidio, pero la que jugaba con ellas era yo, la que escogía la ropa era yo, I called the shots and it feels damn good!