Margaret Thatcher

Ayer mi amiga Manuela Zarate twiteeo esto:

“Pasas la vida fajándote para ser como Margaret Thatcher cuando seas grande, y resulta q el mundo quiere q seas la Barbie Malibú. #nomejodas”

No es la primera vez que siento como míos sus comentarios, pero este le ganó a todos. El tema ha sido muy recurrente en mi vida pero en este año la cosa se ha intensificado. Si me conoces personalmente o si me has leído sabes que tengo un carácter fuerte. Ese carácter fuerte se origina, primero que nada, en mis genes maternos. Luego tendríamos que sumarle la crianza, la personalidad, la carrera que escogí, el mundo, la época y el país en que vivimos.

En todos esos momentos en que se estaba formando mi carácter sentí que estaba haciendo lo correcto, sentí que eso era lo que tenía que hacer para ser exitosa e independiente, que eso era lo que el mundo entero, personal y profesional, esperaban de mi y más aún, que eso era lo que disfrutaba porque I do not like pussies and I do not practice patience. Lo primero –lo que tenía que hacer– y lo último –lo que disfruto– sigue siendo verdad. Lo segundo ¬–lo que el mundo espera de mi– es otra historia.

Es otra historia porque todo el mundo quiere que le hables, reacciones, mires y pienses como Barbie y resulta que eso es inconsistente con ser una mujer arrecha y echada pa’ lante.

Barbie, te aclaro que no tengo absolutamente nada en tu contra, te envidio el cuerpazo, los piecitos que entran en cualquier zapato o sandalia, la cabellera siempre larga, perfecta y brillante, el carro descapotable, los cien mil trajes distintos y pare usted de contar, creo que te envidio todo excepto por Ken –esa es otra historia así que do not get me started.

Pero resulta que yo no soy Barbie, ni tengo nada parecido a ella, salvo por los cromosomas XX.

Yo soy intensa, arrecha, gritona, exigente, firme, multi-tasking, rápida, impaciente, inteligente, cuestionadora, sincera, cruda si es necesario y absolutamente transparente. Usualmente cuando me hago una opinión sobre algo cuesta mucho hacerme cambiar de opinión no porque sea rígida – si te soy terca– sino porque esas opiniones casi siempre se han construido sobre la base de los hechos, la realidad, mis valores, las emociones y la experiencia, así que necesitarías demostrarme que esos fundamentos no son ciertos.

Y soy así porque es mi forma de ser, porque me esforcé en lograr todo eso –admito que lo de gritona me viene por la sangre– porque estoy convencida que así quiero vivir. Entonces uno le pone corazón a ser así y la gente como que quiere algo distinto. La gente pretende que sea firme en mis convicciones y valores pero que reclame en voz bajita cuando alguien las ataca; que sea inteligente y eficiente pero que tenga paciencia con la gente lenta; que quiera, ame y me entregue pero no me moleste o me lo tome con calma cuando la gente no me corresponde igual o más; que sea profesional, independiente y decidida pero que sea suave al hablar; que defienda mis y sus intereses con pasión y a ultranza pero que lo haga suavemente; que sea una madraza, que ame mi familia y a mi pareja pero que no los defienda con garras si alguien se mete con ellos; que defienda la verdad y los derechos pero que no se me ocurra alzar la voz o decir las cosas como son o poner la incompetencia y el abuso en evidencia; que sea multi-tasking pero que haga ejercicio; que tenga la energía y la fuerza de un hombre pero sea femenina en la mirada. En fin, la gente quiere una cantidad de cosas que son INCOMPATIBLES entre ellas.

Señores entiendan de una vez por todas que la verdad no ofende, la firmeza no tiene que ser tomada como insulto, decir las cosas como son no es agredir a los demás. Si tu eres un mentiroso, o un flojo, o un pillo, o un monta cacho, porqué tengo que decirlo de una manera delicada. No pretendan que sea una tipa firme, decidida, exitosa, abogado, mamá, novia, amiga y familia de las de verdad, verdad, si no pueden aceptar en paz las consecuencias de ello. No me hagan sentir mal o me reprochen mi estilo, si esperaban que fuese la Mujer de Hierro. Porque uno a veces es tan inseguro –sip los arrechos también tenemos inseguridades– que los reproches o las críticas te afectan, que los comentarios de “pudiste ser más suave” o “esperaba X o Y cosa de ti” muchas veces hacen que uno dude y hasta sienta que quizás ser como Barbie podría ser mejor.

Pero si hay algo que uno aprende en su formación es a cuestionar. Así que revisas lo que hiciste o dijiste, las circunstancias y razones por las que lo hiciste o dijiste y tienes dos opciones. La primera es darte cuenta que es verdad y entonces te disculpas, aunque lo malo es que eso sucede poco, pero lo haces si es necesario. La otra opción –más frecuente– es que reconfirmes que si el tipo un mentiroso, o un flojo, o un pillo, o un monta cacho, así mismito hay que decirlo, sin adornos, sin delicadezas, sin a lo mejores o quizás.

Así que no vengan ustedes a decirme entonces que luego de haber forjado esta personalidad de Dama de Hierro tengo que portarme como Barbie. Amé las Barbies y como les dije tienen varias cualidades que envidio, pero la que jugaba con ellas era yo, la que escogía la ropa era yo, I called the shots and it feels damn good!

3 thoughts on “Margaret Thatcher

  1. Bravo Ira!

    Yo también tengo un carácter muy arrecho, soy responsable, justa, decidida y no puedo con la gente mediocre. Mediocre es una palabra fuerte, pero es el calificativo que a muchos les toca. No puedo con la gente que anda por la vida queriendo ser mejor que los demás a punta de viveza y facilismos. No puedo con la gente que busca el dinero fácil, de forma corrupta, de forma poco honesta y se enorgullecen de eso. No puedo con la gente que, al pasar los años, siguen comportándose como lo hacían 10 años atrás. Sin ver la realidad, sin madurar, sin tener prioridades, metas y objetivos y que encima te critican porque trabajas mucho, o estudias mucho o estás cansada un jueves en la noche y no puedes ir a emborracharte con ellos que no hicieron nada durante el día y que su vida se resume en “rumbear” hasta morir con la filosofía de: “vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos” que tanto detesto.
    En fin, defiendo mi manera de ver las cosas, y me niego a quedarme estancada como muchos para no ser criticada. A veces es absurdo que se admire más a una caraja que sale desnuda a rumbear, se sabe el reguetón del momento y compra cupos Cadivi para siempre tener bastante plata que a las que le echan pichón trabajando, estudiando y aprendiendo.
    Me descargue yo también. Y tampoco tengo nada contra las Barbie, el problema es con los que piensan que ser una de ellas es la meta de toda mujer. Que equivocados.

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