Soup for the Soul

Hay momentos que son como caricias para el alma, la refrescan. Son momentos llenos de inocencia, de emoción genuina y verdadera, de alianza y de amor.

Como saben mi Chinito pasó los primeros cuatro años de su vida en un orfanato. Casi toda su permanencia allí la vivió junto a un amigo (un HERMANO como ellos se llaman). Estuvieron cuna con cuna, juguete con juguete, silla con silla durante casi cuatro años. Lo que el uno no podía ver bien (el hermano de JG tiene dificultades de visión) el otro se lo contaba, lo que el otro no podía contar bien (JG no lograba hablar tan bien) el otro lo narraba con una exactitud y habilidad verbal impresionante. Era un poema verlos juntos, se complementaban como el Yin y el Yan.

Gracias a Dios, ambos tuvieron la dicha de encontrar una familia que los acogiese y ambos hicieron y hacen dichosas a esas familias. Uno pensaría que el afecto cede con el paso del tiempo y que los recuerdos se harían cada vez más borrosos. Pero sólo ellos conocen la fuerza y la potencia de lo vivido juntos.

A sus padres nos toca la tarea de generar encuentros. Nos habíamos portado malísimo porque con la corredera de la vida ya tenían dos años sin verse. Pero el nuevo año vino con la emoción de un reencuentro, de un abrazo profundo y de una ansiedad por verse que nos traía locos.

Nosotros brindamos con ustedes niños preciosos, que Dios los bendiga y siempre los mantenga unidos.

Gracias a ti mi Dios por darme un puesto VIP como espectadora de tus acciones.

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