There’s no hiding

Este año ha sido malo. Ha venido cargado de pocos golpes pero que me dejaron K.O. Para poder levantarme y seguir (quedarme tirada en el cuadrilatero no era una opción) tuve que ponerme un traje bien duro y cargar con él.

El traje me protegió y cumplió si misión pero ya era hora de quitármelo. Uno pensaría que al quitarse ese peso de encima las cosas mejorarían y las heridas seguro ya estaban sanando. NOT…

Así que tengo días enferma, enfermedades tontas si se quiere pero seguidas: gripe, tos, migraña, dolor en las articulaciones, insomnio, dolor de cuello, piel reseca y no sigo porque creo que ya me expliqué.

Son todos síntomas del dolor, son como ese morado que te sale luego de haberte dado un carajazo.

Hoy tengo que confesar que todos esos síntomas reflejan tristeza, así de simple, sin adornos o explicaciones.

Me tomé dos semanas de vacaciones para, entre lo obvio, tratar de lidiar con ella, aunque a juzgar por las últimas 24 horas, en realidad ella es la que va a lidiar conmigo. Porque no es fácil dejar estar a la tristeza y sentirla y aunque diga que no, estoy tratando de escondérmele.

Pero, y esa era la razón del post, el cuerpo no puede huir porque el dolor físico que casi no me deja ni caminar llega para decirme que ya no hay traje. Por eso tengo que admitir, once and again, I’m sad and I wish you were here.

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