No lo vi venir

Pasas unos 32 años de tu vida diciendo que nunca vas a tener un perro. No porque no te gustan sino por el trabajo y el compromiso que implican.

Te conviertes en madre y resulta que tu hijo ama pocas cosas tanto como a los perros. Te ruega por uno, comienzas con no rotundos pero con los años te das cuenta que un perro podría ser un buen compañero para él y podría enseñarle unas cuantas cosas importantes de la vida.

Comienzas a considerar la idea del perro pero con algunas condiciones. Tu hijo sigue deseándolo, conoces perros panitas hasta que una día las condiciones son menos y cuando menos te lo esperas, pues te decides y dices ok.

Eso me pasó hace como un mes y la ocasión del cumple de JG era perfecta para el regalo.

Esa pulguita llegó a la casa el domingo y ya se robó los corazones de todos. Lo más grave es que se robó el mío big time y me doy cuenta que me metí en camisa de once varas.

Hoy amaneció enfermita, tiene un virus que en su raza y edad podría ser fatal. Está en tratamiento y los próximos dos días son críticos.

Mientras, hoy la aguanté todo el tiempo en que le pasaron sus medicamentos, llamo a mi casa a preguntar por ella, y pare usted de contar. Son cariños que se te meten adentro con una rapidez absurda. Son afectos humanos independientemente que los reciba una perrita.

Mejórate Cindy que ya tu eres parte de nuestra familia.

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