EL PROGRESO!

Mi hijo de 9 años habla de Capriles y usa la palabra PROGRESO. Eso es lo que TODOS los venezolanos nos merecemos. Vota Capriles este 7 de octubre!

 

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Happy First Anniversary to us!

Venimos llegando de Bogotá y de celebrar nuestro primer aniversario de casados. Parece increíble que ya haya pasado un año desde que decidimos formar una familia sin mayor compromiso que el gusto mismo.

Ese día hubo varias canciones que acompañaron la sencilla, pero emotiva, ceremonia que nosotros tres creamos. Una de ellas describe perfectamente lo que sentí y siento sobre nuestro proyecto de vida en común, porque como su letra lo dice ESTÁ LA PUERTA ABIERTA para crecer y para amar.

Mi versión favorita de La Acerita.

La famosa independencia

Uno pasa casi todos los días con los hijos y hay cambios que van pasando desapercibidos. Hay otros, sin embargo, que llegan de forma avasallante. Uno de ellos es la pre-adolescencia. Para los que tienen chamos pequeños quizás sea una sorpresa darse cuenta o enterarse que la pre-adolescencia ahora comienza a los 9 o 10 años. Es un cambio que va sucediendo no solo a nivel emocional, sino también a nivel físico. Es quizás una de las etapas más complicadas y de mayores retos para los chamos y para nosotros los papás. Los gringos incluso acuñaron el término “middlers” para referirse a esta etapa. Los chamos ya no son niños pero tampoco adolescentes, no son agua fría, ni caliente, ni mucho menos tibia. Pero este post no es para hablar de la pre-adolescencia como tal, ni mucho menos de lo complicadísima que es la etapa, porque tendré varios años para eso. Nosotros apenas estamos comenzando y con seguridad vendrán posts al respecto.

Este post es, en realidad, para hablar de los cambios que uno ve con el crecimiento. Uno de ellos es la independencia. Porque hablando el otro día con mi muy querida y mano derecha cuando de manejar conductas o más bien sus crisis se trata, Beatriz Manrique, ella nos decía que nuestra meta como padres es hacer que nuestros hijos crezcan como seres independientes, capaces de resolver sus problemas por si mismos, siendo felices y siendo personas que actúen según los valores que les inculcamos.

Pero ¿con qué se come la independencia? Creo que la respuesta depende de cada hijo y hasta de cada familia. En algunas, la independencia para los más chiquitos es que se vistan solos, o arreglen su cuarto, o coman solos, y pare usted de contar. A medida que van creciendo es que además de todo lo anterior, no necesiten de mamá para todo, puedan jugar y entretenerse incluso si están solos, hagan valer sus derechos sin mamá al lado, puedan pedir en una fiesta o un restaurant lo que quieran sin que mamá lo haga por ellos y podemos seguir.

Lo complicado de la independencia es que hay chamos que son estupendamente independientes en algunas cosas y en otras completamente dependientes. Y lo más complicado aún es que son una cosa o dejaran de ser la otra principalmente por la actitud que nosotros como padres asumamos. Sí, es verdad, la personalidad, el carácter y todas esas cosas juegan un papel importante pero no son determinantes cuando estamos hablando de niños emocional y conductualmente sanos y capaces. Lo determinante es lo que nosotros como padres hagamos respecto de una u otra actitud.

Un ejemplo que he vivido estas últimas semanas y es el que me motivó a escribir este post, es el tema famoso de las tareas. Siempre dije que JG necesitaría a alguien sentado al lado para hacerlas porque se distrae con facilidad y como suelo decir cuando de él se trata: el mundo tiene demasiadas cosas interesantes para JG y él las quiere explorar siempre y hacer tareas le quita tiempo para ello. Lo daba como cierto y ya. Pero visto que JG comenzó cole antes que sus actividades extracurriculares, estas tardes ha llegado a casa antes que nosotros y solo se ha sentado y ha hecho sus tareas. En términos generales la ha hecho muy bien, a veces se lo “olvida” una que otra cosa, pero al recordárselo lo hace sin problemas. A esta maravillosa sensación nuestra de llegar a casa a dedicarnos a echar cuentos, escuchar música juntos y no a pelear por las tareas, se suma la sensación de logro, auto-confianza y satisfacción que JG tiene y refleja en su mirada cuando llegamos a casa y está listo o casi listo con sus tareas. Hacerlo el único responsable de sus tareas lo hace sentirse grande, exitoso, capaz, seguro, en una sola palabra: independiente. Y esa sensación para un middler de casi 10 hace maravillas en ellos. Hace que hoy como un loquito se haya despertado solo, media hora antes de lo usual, sin molestar a nadie y antes de las 6 am estuviese sentadito en la mesa de la cocina esperando su desayuno.
Esos son los cambios avasallantes a los que me refería cuando comencé esté post. Son cambios que no te esperas y que pasan así de un día para otro. Lo interesante del asunto es que pasan solos pero siempre empujados por lo que uno como padre, madre o figura importante en la vida de un chamo hace o deja de hacer. Los niños son unas esponjas que entienden los mensajes buenos o malos que uno da más rápido que cualquier otra persona. La responsabilidad que tenemos es realmente impresionante. Así que si vemos áreas en donde nuestros chamos necesiten más independencia, antes de presionarlos sugiero que nos detengamos a ver qué estamos haciendo y qué estamos dejando de hacer, para que podamos cambiar nosotros y así darles a ellos el empujoncito que les hace falta para seguir creciendo sana e independientemente.

Aquí les dejo este mensaje que encontré en Crianza Positiva que habla sobre este tema.

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Se fueron los 37

El mundo está lleno de gente intensa y hasta masoquista que decide hacer revisiones el día de su cumpleaños para ver cómo estuvo la cosa. Yo soy una de esas. Así que de eso se trata este post, hoy será la última vez en mi vida que conteste 37 en todas las planillas y aplicaciones fastidiosas que uno tiene que llenar.

Cada vez que hago estas revisiones concluyo lo mismo: este año de vida fue muy intenso. Quizás por eso dije de vida y no año a secas, porque si hay algo que es seguro es que, independientemente del resultado final, lo que sí hice fue vivir. No hubo ni un solo día de mis 37 que hubiese pasado en vano, siempre hubo una emoción intensa, un agradecimiento por la vida, muchas horas disfrutando, trabajando, llorando, conociendo, peleando, luchando, descubriendo. Fueron muchas horas completas de vida.

Este año viví lo que espero sea el primer año del último matrimonio de mi vida y eso asume que quiero morirme casada.  Viví las maravillas y los retos de ser una familia formada tan inusualmente como la nuestra. Fue un año de comienzos en lo personal, de planes y decisiones divinas que aún no se terminan de materializar pero siguen en pie.

Fue un año completo de los apenas 19 meses en que he estado sin mi Mamma bella, esa que hace 38 años a esta hora mi mamá me cuenta que le quitaba florecitas a un sueter que me tejió porque todos le insistían que iba a ser un varón, aunque ella le pedía a Dios una niña como yo. Qué difícil ha sido estar sin ella, que vivo ha estado su recuerdo cada día de este último año de mi vida.

Este año ha sido uno de los más armoniosos en mis relaciones familiares, sí, hemos tenido desacuerdos pero creo que he hecho un esfuerzo por ponerme en los pies de los demás y moderar la forma, muchas veces duras, en que decía las cosas.

Cada día que pasó me conocí y hasta me quise un poco más, porque me di cuenta que en realidad soy una persona buena y creo que de eso se trata la vida ser feliz siendo bueno.

Este año lo cerré con una emergencia médica fuerte del dueño de mi quincena, de mis sueños, de mi corazón de madre y de mis insomnios. Sentirnos tan vulnerables me recordó lo mucho que tenemos que apreciar la vida y los ratos que nos regala Dios juntos. Son de esas meneadas de mata que te lanzan del cielo para poner todo en perspectiva y valorar solo lo realmente importante.

Y con ese mensaje cierro este año de vida y este post, la vida es muy corta para desperdiciarla estando bravos, preocupados o quejándonos. La vida es para vivirla amando y agradeciendo.