La famosa independencia

Uno pasa casi todos los días con los hijos y hay cambios que van pasando desapercibidos. Hay otros, sin embargo, que llegan de forma avasallante. Uno de ellos es la pre-adolescencia. Para los que tienen chamos pequeños quizás sea una sorpresa darse cuenta o enterarse que la pre-adolescencia ahora comienza a los 9 o 10 años. Es un cambio que va sucediendo no solo a nivel emocional, sino también a nivel físico. Es quizás una de las etapas más complicadas y de mayores retos para los chamos y para nosotros los papás. Los gringos incluso acuñaron el término “middlers” para referirse a esta etapa. Los chamos ya no son niños pero tampoco adolescentes, no son agua fría, ni caliente, ni mucho menos tibia. Pero este post no es para hablar de la pre-adolescencia como tal, ni mucho menos de lo complicadísima que es la etapa, porque tendré varios años para eso. Nosotros apenas estamos comenzando y con seguridad vendrán posts al respecto.

Este post es, en realidad, para hablar de los cambios que uno ve con el crecimiento. Uno de ellos es la independencia. Porque hablando el otro día con mi muy querida y mano derecha cuando de manejar conductas o más bien sus crisis se trata, Beatriz Manrique, ella nos decía que nuestra meta como padres es hacer que nuestros hijos crezcan como seres independientes, capaces de resolver sus problemas por si mismos, siendo felices y siendo personas que actúen según los valores que les inculcamos.

Pero ¿con qué se come la independencia? Creo que la respuesta depende de cada hijo y hasta de cada familia. En algunas, la independencia para los más chiquitos es que se vistan solos, o arreglen su cuarto, o coman solos, y pare usted de contar. A medida que van creciendo es que además de todo lo anterior, no necesiten de mamá para todo, puedan jugar y entretenerse incluso si están solos, hagan valer sus derechos sin mamá al lado, puedan pedir en una fiesta o un restaurant lo que quieran sin que mamá lo haga por ellos y podemos seguir.

Lo complicado de la independencia es que hay chamos que son estupendamente independientes en algunas cosas y en otras completamente dependientes. Y lo más complicado aún es que son una cosa o dejaran de ser la otra principalmente por la actitud que nosotros como padres asumamos. Sí, es verdad, la personalidad, el carácter y todas esas cosas juegan un papel importante pero no son determinantes cuando estamos hablando de niños emocional y conductualmente sanos y capaces. Lo determinante es lo que nosotros como padres hagamos respecto de una u otra actitud.

Un ejemplo que he vivido estas últimas semanas y es el que me motivó a escribir este post, es el tema famoso de las tareas. Siempre dije que JG necesitaría a alguien sentado al lado para hacerlas porque se distrae con facilidad y como suelo decir cuando de él se trata: el mundo tiene demasiadas cosas interesantes para JG y él las quiere explorar siempre y hacer tareas le quita tiempo para ello. Lo daba como cierto y ya. Pero visto que JG comenzó cole antes que sus actividades extracurriculares, estas tardes ha llegado a casa antes que nosotros y solo se ha sentado y ha hecho sus tareas. En términos generales la ha hecho muy bien, a veces se lo “olvida” una que otra cosa, pero al recordárselo lo hace sin problemas. A esta maravillosa sensación nuestra de llegar a casa a dedicarnos a echar cuentos, escuchar música juntos y no a pelear por las tareas, se suma la sensación de logro, auto-confianza y satisfacción que JG tiene y refleja en su mirada cuando llegamos a casa y está listo o casi listo con sus tareas. Hacerlo el único responsable de sus tareas lo hace sentirse grande, exitoso, capaz, seguro, en una sola palabra: independiente. Y esa sensación para un middler de casi 10 hace maravillas en ellos. Hace que hoy como un loquito se haya despertado solo, media hora antes de lo usual, sin molestar a nadie y antes de las 6 am estuviese sentadito en la mesa de la cocina esperando su desayuno.
Esos son los cambios avasallantes a los que me refería cuando comencé esté post. Son cambios que no te esperas y que pasan así de un día para otro. Lo interesante del asunto es que pasan solos pero siempre empujados por lo que uno como padre, madre o figura importante en la vida de un chamo hace o deja de hacer. Los niños son unas esponjas que entienden los mensajes buenos o malos que uno da más rápido que cualquier otra persona. La responsabilidad que tenemos es realmente impresionante. Así que si vemos áreas en donde nuestros chamos necesiten más independencia, antes de presionarlos sugiero que nos detengamos a ver qué estamos haciendo y qué estamos dejando de hacer, para que podamos cambiar nosotros y así darles a ellos el empujoncito que les hace falta para seguir creciendo sana e independientemente.

Aquí les dejo este mensaje que encontré en Crianza Positiva que habla sobre este tema.

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